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El Nuevo Herald

Dejemos la frontera en su sitio

NANCY LIEBMAN

Posted on Sat, Jun. 25, 2005

El señor Gus Gil, de la Asociación de Constructores Latinos, dijo que debíamos abrir ''la frontera del desarrollo urbano'' [ver La solución a la escasez de las casas, Perspectiva, 16 de junio] para que él y otros constructores pudieran hacer más viviendas baratas. La realidad es que los constructores han usado antes este argumento y, de acuerdo a las evidencias, no ha resuelto el problema en el pasado y no lo va a resolver ahora.

Si su ropa le está quedando estrecha, la solución no es comprar un número más grande. Algunos constructores (no todos) aceptan correr la frontera de desarrollo urbano de la misma forma que algunas personas aceptan la diabetes y las cardiopatías como los inevitables costos de aumentar de peso. Pudieran hacer algo mejor, pero no lo hacen.

La gente sólo tiene que observar el ejemplo del condado de Broward para ver la prueba de que construir hasta el mismo borde de los Everglades no tiene nada que ver con crear viviendas para trabajadores de pocos ingresos. Broward no tiene ''frontera de desarrollo urbano''. Y la rápida construcción del condado ha dejado a los trabajadores de ba-

jos ingresos sin alternativas de viviendas baratas.

Pueden vivir en las afueras de las ciudades o en las ciudades, pero, cada vez más, las viviendas baratas son un sueño. El abogado Scott Brook, comisionado de Coral Springs y presidente del Consejo de Planificación del Condado de Broward dijo recientemente: ``Mi opinión es que existe una crisis. Si hubiéramos empezado a trabajar en esto hace un par de años, tendríamos un mejor control de la si-

tuación''.

Esto no es un fenómeno sólo de la Florida. En el sur de California, donde no hay fronteras para el crecimiento urbano, la fuerza laboral se está mudando cada vez más lejos de los centros de trabajo, creando una especie de apartheid donde los trabajadores pobres tienen que enfrentar esos largos viajes que les quitan tiempo con sus familias. Con todo, las bajas tasas de interés han creado tanta demanda que los precios siguen estando por las nubes.

Para demasiados americanos ser propietario de un casa está absorbiendo una porción cada vez mayor de sus ingresos. Riesgosas estrategias financieras están produciendo soluciones a corto plazo que pudieran con-

vertirse en una pesadilla para millones de familias.

En realidad, la crisis de las viviendas baratas no tiene nada que ver con mover la frontera del desarrollo urbano de Miami-Dade. El sentido común, y no los intereses de poderosos constructores, sugiere que los expertos del condado debían estar tratando de solucionar el problema, no los constructores.

Los expertos en viviendas baratas dicen que los urbanizadores que desean construir más allá de la frontera tienen la respuesta equivocada. Sólo quieren que sus terrenos se vuelvan más valiosos. Hay cientos de constructores esperando a que el condado mueva una y otra vez la frontera. Es como bajar las compuertas de un dique. Cada constructor diría: ``Bueno, si la movieron para ellos, ¿por qué no para mí?''.

Los partidarios de mantener la frontera les piden a los expertos que trabajen en la crisis de las viviendas baratas y que encuentren soluciones.

No queremos aumentar nuestros problemas, nuestras carreteras congestionadas de tráfico y nuestras escuelas abarrotadas de alumnos. Y también hay que conservar los terrenos ecológicamente delicados que ayudan a filtrar nuestra agua potable.

Pero no cuenten con la Asociación de Constructores Latinos para venir con ideas que les cuesten demasiado, como la zonificación inclusionaria obligatoria que garantizaría que un porcentaje de las nuevas construcciones se dedicara a viviendas baratas; o restricciones que impidan que los primeros dueños de casas baratas puedan venderlas en cuanto les convenga el precio.

Las únicas personas que sacan provecho de tener ''más espacio'' en la cintura, son los fabricantes de cintos y de vestidos. Ellos ganan dinero de la forma tradicional, con buenas técnicas de venta.

Los que siempre se han opuesto a mover la frontera lo hacen en su deseo de atender a las necesidades de los actuales residentes y contribuyentes. Antes que mudar la línea, quieren resolver los problemas de infraestructura que amenazan a nuestras comunidades y disminuyen nuestro potencial económico. Hay que crear políticas que les permitan tener viviendas baratas a los trabajadores de pocos ingresos y, sobre todo, no seguir echando más problemas sobre los hombros de nuestros irritados contribuyentes.

Presidenta de la Liga de Ambiente Urbano y miembro de la campaña Hold the Line.

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